O que encontrar do outro lado da esquina... uma luz, um amor, um sonho, um silêncio, um verbo ou uma conjunção que conecte dois mundos?



sábado, 15 de outubro de 2011

El Gato que se convirtió en Tigre


El gato gris está triste.
El mar azul en sus ojos
nos oculta las centellas
de soles primaverales.
Su faro de cazador
huele un profundo vacío
que sobrecoge mi alma.
Cuando miro de soslayo
su fragilidad al viento,
soy fragmento tosco
perdido en la distancia.
Con gratitud ronronea
si le hablo con ternura,
y un maullido que pide
el alivio que vive
inherente a la muerte,
confirma que sola estoy,
soy un boceto del tiempo
la interjección de asombro
que busca siempre respuesta.

El tigre no está triste
ruge y salta tan alto
que vuela sobre el tejado. 

Ha llegado a la cima.


quarta-feira, 12 de outubro de 2011

Os Amantes

I

Os corpos nus
Os lençóis úmidos
Têm cheiro de paixão

II

Fluidos sorvidos
Por lábios enovelados
Loucos no cio

III

Manchando a pele
Somos mais que amantes :
Prazer e dor

IV

Noite-testemunha
Orgasmo infinito 
Doces gemidos




Los Amantes

I

cuerpos desnudos
las sábanas húmedas
huelen a pasión


II

fluidos sorbidos
por labios enredados
locos en celo


III

manchando la piel
somos más que amantes:
placer y dolor


IV

noche-testigo
orgasmo infinito
dulces gemidos

terça-feira, 11 de outubro de 2011

Silêncio Perdido


O povoado se chamava Gelo. Era pequeno e tinha muito poucos habitantes. Os poucos civilizados só falavam o extremamente necessário – dez por cento do que costumamos falar – gesticulando mais e sussurrando de vez em quando um pequeno vocabulário.
As pessoas que falavam demais foram expulsas do povoado, porque o prefeito não tolerava muito ruído; as pessoas matavam o precioso tempo com conversas e fofocas supérfluas. Os faladores eram os maiores inimigos do povo, cultivavam a desconfiança em suas terras e o faziam envelhecer rapidamente.
Depois das seis horas da tarde, era proibido escutar rádio, ver televisão ou usar eletrodomésticos berradores, de modo que o principal passatempo era a leitura-escritura e o sexo surdomudo.
Sair às ruas de noite era proibido e perigoso, pois os passos podiam emitir ecos profundos e inconvenientes, apunhalando as paredes das casas, como facas aguçadas. Uma noite, quando este que lhes escreve, imaginava que todos dormiam, o povoado desperta com um grito agudo: “Socorro!”

Gelo se derreteu nas chamas de um vulcão supostamente extinto e os habitantes não se atreveram a deixar seus bunkers com medo de violar a lei do silêncio e importunar os vizinhos. Hoje o silêncio do povoado jaz em cinzas.


Silencio Perdido


El pueblo se llamaba Hielo. Era pequeño y tenía muy pocos habitantes. Los pocos civilizados sólo hablaban lo extremamente necesario –diez por ciento de lo que solemos hablar- gesticulando más y susurrando de vez en cuando un corto vocabulario.
La gente que hablaba demasiado fue expulsa del pueblo, porque el alcalde no toleraba mucho ruido; la gente mataba el precioso tiempo con charlas y chismes superfluos. Los habladores eran los mayores enemigos del pueblo, cultivaban la desconfianza en sus tierras y le hacían envejecer rapidamente.
Después de las seis de la tarde, era prohibido escuchar la radio, ver la tele o usar electrodomésticos gritones, así que el principal pasatiempo era la lectura-escritura y el sexo sordomudo.
Salir a la calle por la noche era prohibido y peligroso, pues los pasos podrían emitir ecos profundos e incovenientes, apuñalando los muros de las casas, tal cual cuchillos  aguzados.
Una noche, cuando el que os escribe imaginaba que todos dormían, el pueblo despierta con un grito agudo: “¡Socorro!”

Hielo se derritió en las llamas de un volcán supuestamente extinto y los habitantes no se atrevieron a dejar sus búnkers con temor a violar la ley del silencio e importunar los vecinos. 
Hoy el silencio del pueblo yace en cenizas.